M. Renata Canales y Felipe Romero.
Pareidolia es una obra que, más allá de ser un espectáculo, se convierte en una experiencia sensorial profunda y multifacética. Bajo la dirección e interpretación de la compañía La llave maestra y con la colaboración del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), el público es invitado a adentrarse en un mundo donde la percepción de la realidad se diluye entre lo onírico, lo fantástico y lo surreal.
La obra nos lleva por un camino donde no hay una historia lineal ni una estructura narrativa tradicional. En lugar de un relato con un comienzo, desarrollo y desenlace, Pareidolia parece desafiar esa concepción al ofrecernos más bien un flujo de imágenes, sonidos y emociones que apelan a nuestra capacidad de asombro y curiosidad. Como espectadores, nos sumergimos en una suerte de exploración sensorial donde lo que vemos y escuchamos se convierte en un enigma a resolver, pero sin la necesidad de encontrar respuestas definitivas.
¡Me sentí como una niña en el mundo de Alicia! Es un constante juego con las expectativas, una invitación a descubrir lo nuevo y lo extraño a medida que cada escena se despliega ante nosotros.
El término «pareidolia», que hace referencia a la tendencia humana de percibir patrones o formas familiares en objetos o situaciones aleatorias, encierra perfectamente la propuesta de la obra. A través de los personajes excéntricos y las situaciones absurdas, se invita al público a encontrar un sentido personal dentro del caos y lo inesperado, a reconocer figuras o
emociones que, aunque ambiguas, nos son profundamente familiares. Así, lo que en principio parece un caos visual y sonoro, termina siendo un reflejo de nuestras propias interpretaciones y percepciones de la realidad. El monstruo aparece cuando lo logramos ver, la obra se disfruta cuando la logramos ver con algo más allá que solo nuestra mirada.
La riqueza visual y sonora de la obra es uno de sus pilares fundamentales. Cada elemento está diseñado con meticulosidad para sumergir al espectador en una atmósfera única. Las luces juegan un papel esencial, no sólo como un recurso estético, sino también como un medio para alterar la percepción del espacio. Los efectos sonoros, por su parte, son capaces de evocar sensaciones que van desde la tranquilidad hasta la tensión, generando una ambivalencia emocional que mantiene al público en constante alerta. Es divertido, pues de un principio pareciera ser una propuesta totalmente distinta a lo que verás a continuación.
El trabajo detrás de la dirección artística resulta ser un juego entre la sencillez y la
pomposidad. Los elementos visuales se mueven de lo minimalista a lo grandioso, pasando por momentos de delicadeza y otros más caricaturescos. Este contraste contribuye a la creación de un mundo que no se adhiere a las normas convencionales, sino que busca sorprender y desconcertar, llevándonos a un espacio donde las reglas de la lógica y la razón se suspenden momentáneamente. Un nuevo país de las maravillas.
Aunque algunos de los personajes puedan parecer destinados a un público infantil, la obra tiene una capa de profundidad que la hace igualmente accesible y enriquecedora para los adultos. Es una obra que, aunque juguetona en su estética y performance, también lleva consigo una reflexión sobre cómo interpretamos el mundo que nos rodea.
En definitiva, Pareidolia es una experiencia que trasciende lo convencional. No se trata solo de presenciar una obra de teatro, sino de sumergirse en un universo de sensaciones que transforman nuestra percepción, abriéndonos a nuevas formas de ver y sentir el arte.