Por Renata Canales
Es difícil hablar de El Suave Roce de un Ala sin que la sensación de estar sumida en una conversación íntima con una amiga cercana se apodere de mí. La autora, Carmen Fulle, logra con este relato crear una atmósfera tan personal, tan íntima, que parece que las cartas siguen existiendo como único medio de comunicación cuando persistía el romance dedicado. La novela se convierte en un espejo, reflejando no solo las vivencias de Camila, la protagonista, sino también las inquietudes que todos llevamos dentro: el deseo de entenderse a uno mismo, el anhelo de hallar algo que dé sentido a la existencia.
Carmen Fulle, quien proviene del mundo de la fotografía, no solo plasma su mirada visual a través de las imágenes que captura, sino que la traslada a las páginas del libro. Sus palabras, al igual que sus fotos, están llenas de detalles que invitan a sumergirse en un mundo sensorial, en el que lo visual, lo emocional y lo existencial se entrelazan. Como fotógrafa, Fulle sabe cómo captar lo efímero, lo transitorio, y esa misma capacidad de capturar momentos fugaces se refleja en cada uno de los pasajes de El Suave Roce de un Ala. La autora juega con la fragilidad del instante, con la ligereza de la vida, y la novela se convierte en una danza entre el presente y el recuerdo, entre lo tangible y lo intangible.
La protagonista, Camila, no solo es una joven fotógrafa santiaguina, sino una buscadora, una mujer que encuentra en Mirjam no solo un amor, sino una fuerza transformadora, una llamada que la impulsa a descubrir algo más profundo de sí misma. Su relación con Mirjam no es simplemente un romance superficial, sino una conexión que sacude su ser, la desafía, la empuja a cuestionar el mundo y su lugar en él. Este amor, aunque apasionado, no está exento de conflicto. Es un amor que duele, que duele profundamente, pero que al mismo tiempo es un motor que la impulsa hacia adelante, hacia un camino de autodescubrimiento y madurez. Camila camina junto al amor, pero lo hace también como espectadora, observando cómo la relación se despliega ante ella, un proceso tanto de participación como de distancia, de ser parte de algo y, al mismo tiempo, ser observadora de su propia transformación.
En este viaje, acompañamos a Camila a través de sus momentos de éxtasis y duda, de incertidumbre y revelación. La relación con Mirjam es, en última instancia, un reflejo de la propia búsqueda existencial de la protagonista. Y al igual que un ala de pájaro que toca suavemente el aire, la vida se nos presenta como algo frágil, ligero, y a menudo fuera de nuestro control, pero a la vez profundamente hermoso. La novela nos invita a reflexionar sobre la naturaleza efímera de la existencia y sobre cómo, a pesar de todo, seguimos buscando algo que nos dé sentido, algo que nos haga sentir completos.
El Suave Roce de un Ala es una novela intensa, detallada (que a ratos puede causar que sea un poco más difícil de digerir) pero también llena de una dulzura melancólica. Es una obra que se saborea lentamente, página a página, como una tarde fría de invierno, cuando el viento sopla suave y el corazón se encuentra en su momento más vulnerable. Es el tipo de libro que te envuelve y te acompaña, como un buen amigo en un viaje de autodescubrimiento. Perfecta para leer con frío, acurrucado en el sofá con un chocolate caliente, mientras la vida, en su suave roce, se despliega ante nosotros.