“Lo que tiene tu hija es un especie de cáncer a la vista” fue el diagnóstico que le dijeron a la madre de Paulina Bravo cuando ella tenía 5 años. Angustiada y ahogada en una gran pena, su madre salió de la consulta con su hija en brazos y cayó desolada al suelo. Era la primera vez que tenían certeza de lo que ocurría. Paulina iba a perder, paulatinamente, la visión.
Mientras su familia asimilaba la noticia, la pequeña jugaba al corre que te pillo con su luna, una luna que se encontraba en su retina y viese donde viese, siempre estaba ahí.
Hoy Paulina Bravo es una abogada de 52 años, activa, proactiva y completamente ciega. Estudió Derecho en la Universidad de Valparaíso y desde 1997 ha sido expositora de diferentes instancias, siendo profesora en la Universidad de Chile y también colaborando activamente en la defensa de los derechos de las personas con discapacidad desde la vía judicial y administrativa. Esta última le ha traído momentos chocantes donde quedamos en evidencia como sociedad lo atrasados que estamos con respecto a la discapacidad.
“la vida me puso enfrente unos trabajos muy complejos (…), en términos súper simples, tengo que salir a los tribunales a quitarles las guaguas para devolverlas a su madres, a las que se las habían quitado simplemente porque eran mujeres con discapacidad.” Nos comenta.
Su activismo nace de una necesidad que ella misma experimentó en carne viva. Nacida en Paine, en las zonas más rurales, era una niña con un parche en el ojo y un diagnóstico de retinitis pigmentaria. Perdió completamente la vista años después de su diagnóstico, pero de mucho antes la sociedad la encasilló en una categoría distinta.
“Yo en algún momento iba a perder la vista, y desde ese instante la sociedad comenzó a tratarme como una persona con discapacidad sin tener la discapacidad. Al extremo que, al momento que me iban a matricular en el único colegio particular de la zona, me acuerdo muy bien cuando la monja española le dijo a mis padres que no. Que no me aceptaba porque ese colegio no era para niños enfermos.” recuerda.
A pesar de todo, vivió una vida como cualquiera: estudió, se graduó, se independizó. Pero siempre con un grado de diferencia a sus pares con respecto a los tratos, las preguntas familiares en la mesa nunca iban hacia ella.
“Mis hermanos comenzaron a llevar sus primeras pololas a la casa. Pero a mí nadie me preguntaba nada. Porque era natural, primero, que a mí no me gustara nadie. Y lo que era más natural aún era que yo no fuese objeto de deseo para nadie. No formaba parte de mi estructura. Era totalmente natural que yo estuviera marginada de eso.”
La sociedad -explica Paulina- oscila entre dos extremos: tratar a las personas con discapacidad como niños eternos o convertirlos en fetiche, pero rara vez lo reconocen como personas adultas, autónomas y con derecho a una vida sexual plena. “Cuando tú le niegas la sexualidad a una persona, estás cometiendo una violencia enorme.” Explica.
Desde esta experiencia surge el Observatorio de Derechos Sexuales y Reproductivos de personas con Discapacidad (ODISEX), organización que impulsa Paulina con su carrera de abogada, inspirada en los casos reales que tuvo que enfrentar. Uno de esos casos -recuerda Paulina- fue el de una familia de una mujer con síndrome de down que fue coartada para realizar una extirpación de útero, por parte de un hospital, bajo la lógica de “protección”.
Otro caso clave fue el de una mujer sorda en Punta Arenas, a quien el sistema judicial le quitó el cuidado de su bebé recién nacido únicamente por su discapacidad. Gracias a la acción judicial liderada por Paulina, la medida fue removida y el tribunal reconoció este caso como un acto de descriminación.
Negar la sexualidad -advierte- abre la puerta a prácticas aún más graves: esterilizaciones forzadas, medicalización del deseo, vigilancia extrema de los cuerpos y una profunda internalización de la culpa. Muchas personas con discapacidad terminan creyendo que no tienen derecho a desear, a vincularse, a formar familia.
Hoy, para ella, la lucha no solo se limita en lo jurídico, sino también, en una nueva faceta como comunicadora. Paulina será conductora del programa Extraordinarias del canal TVN, un espacio que no solamente recoge su experiencia como abogada y mujer con discapacidad, sino que también será un recorrido de entrevistas a mujeres con discapacidad de distintas partes del mundo, con historias de vida que dan forma al contenido del programa. Un proyecto de amplia conversación y que pone al centro lo que tantas veces se quiso silenciar: los cuerpos, las experiencias y las voces que desafían a la sociedad todos los días.
