Bien, no sé si esto será una reseña, una crítica o simplemente un desahogo frente a la ola (valga la redundancia) de emociones que sentí al ver La Ola, la nueva obra de Sebastián Lelio, que vino a decir: “A que no se lo esperaban”.
Quiero dejar claro que la película tiene un público objetivo yo y que no es para todos. Es curioso cómo hay gente que la aborrece de sobremanera, mientras que otras la amamos sin juzgarla. Tal vez el punto de vista cambia según la predisposición de cada quien. Aunque, espera, me refuto al decir eso: soy el claro ejemplo de haber entrado a ver la película con cero ganas de darle una oportunidad. “Hay pacos bailando, ¿cómo va a ser buena?” Mi comentario sesgado y snob fue doblegado en los primeros treinta segundos de la peli. Empezó, y me enamoré de muchos elementos… pero no de la protagonista.
Hablemos primero de lo que me gustó, fascinó y me revolcó.
La fotografía es preciosa. Tiene la capacidad de mostrar amplitud durante todo el filme: el espacio grande y amplio, pero igualmente abrumador, como lo es el encierro dentro de una institución. La Ola al final ocurre, más que en un sitio físico —la universidad—, en un ambiente socio-político. Ser víctima de una situación como la que vive Julia… Oh, aún no hice el resumen de la peli para dar contexto…
Vayamos a eso: Sebastián Lelio nos trae una película que cuenta la historia de Julia, una estudiante de música que, por una noche, pierde de alguna forma su confianza y seguridad en el ambiente. No quiero dar detalles al respecto, y no por el spoiler, sino porque para mí es difícil hablar de ello (escribirlo). Todo esto ocurre durante un año en que las mujeres deciden alzar la voz, y por ello el nombre: La Ola (feminista). Incluso existe un momento dónde se cuestiona al director al respecto. Es una buena escena, un buen remate de un gran chiste.
Volviendo a lo que estaba hablando, y sin alargarme más: visualmente se refleja la percepción de la estudiante atrapada en lo que significa ser víctima. Julia deja de ser Julia y comienza a ser una víctima. Las piezas musicales profundizan eso, con sus letras y con la potencia de sus intérpretes. Es realmente ver una protesta con ritmo y pasión en pantalla grande. Por ello, creo que la delicadeza del DOP y el cuidado en el detalle de la dirección de arte son lo que hacen que esta película brille incluso antes de empezar.
Cuando empieza, las actuaciones se llevan todo. Son increíbles. Julia, nuestra protagonista, me costó al principio. No le creía al personaje; la encontraba un poco sonsa. Pero a medida que la película avanzaba, le iba creyendo, me proyectaba en ella y le pedía perdón por desconfiar. Fue un proceso algo loco: como escuchar un audio de WhatsApp de una amiga, insultándola en el camino y luego disculpándote porque aún no lo habías escuchado entero. Cuando en realidad te dabas cuenta que lo que decía, sí tenía sentido.
Es realmente una aventura ver al grupo de amigas, que perfectamente podrían ser las chicas que se sentaban al lado mío en la U.
Siento que me di un montón de vueltas, pero es que no quiero decir mucho tampoco. La película me duele, me acontece, me moviliza. No es algo que se pueda plasmar tan fácilmente en un papel (digital).
Así que, por ello, tocó ir a verla al cine, astuto lector. No tengas miedo de subirte a La Ola, o mejor aún, no tengas miedo a que te pueda revolcar.
