¿Sabes quién es Stella Díaz Varín? Si no lo sabes, te sugiero investigar un poco sobre ella antes de ver la obra. O, tal vez, no lo hagas. Stella, la obra escrita por Patricio Yovane, nos invita a un viaje de descubrimiento y revaloración de la figura de Stella Díaz Varín, una poeta chilena cuyo legado ha sido, lamentablemente, opacado por la historia oficial. A través de una representación dinámica, Yovane nos permite redescubrir a esta mujer, cuya vida y obra parecían haber sido olvidadas por el gran público, pero cuya pasión y lucha por hacerse escuchar resuenan en la representación que nos ofrece esta puesta en escena.
Desde el principio, Stella es una obra que desafía al espectador. No solo por el contenido de la historia, sino también por cómo se presenta en el escenario. Es una obra en constante cuestionamiento, tanto hacia el público como hacia el mundo y la misma protagonista. La obra plantea un sinfín de interrogantes sobre el lugar de las mujeres en la historia literaria, y de manera especial, sobre las mujeres que, como Stella, han vivido a la sombra de poetas más reconocidos y, en muchos casos, más favorecidos por la crítica.
La protagonista, Stella, es presentada como una mujer fuerte, directa, irreverente, pero también vulnerable. Es imposible no quedar atrapado por su magnetismo; su presencia llena el escenario con una energía que, lejos de ser invasiva, es liberadora. Yovane se atreve a mostrarla tal cual, sin filtros, sin adornos, en su máxima crudeza, invitándonos a ser testigos de una voz que exige ser escuchada, que resiste, y que se reinventa ante las adversidades.
Una de las características más destacadas de la obra es el rompimiento de la cuarta pared. No es una obra que se limite a dejarte como espectador pasivo; más bien, te involucra directamente, te invita a participar, a cuestionar, y a ser parte activa de la reflexión que plantea. En algunos momentos, Stella se dirige al público con una cercanía casi desafiante, ridiculizando y, a su vez, educando. Nos recuerda nuestra complicidad como espectadores, como sociedad que ha permitido que estas historias queden en el olvido. Esta ruptura de la cuarta pared no solo genera una conexión inmediata con los personajes, sino que también crea una atmósfera incómoda, en la que el público no puede escapar de la mirada crítica de la obra. Es impresionante cómo, a través de este recurso, nos sentimos parte de la obra misma y no solo meros observadores. Te cuestionas, ¿hasta qué punto somos responsables del olvido de estas mujeres? ¿Hasta qué punto nuestra indiferencia como sociedad ha sido cómplice de la invisibilización de figuras como Stella?
Otro aspecto que destaca de Stella son las interpretaciones de las actrices que dan vida a la poeta. Cada una de ellas aporta una lectura única y matizada del personaje. Es fascinante ver cómo, a través de la diversidad de sus actuaciones, logran transmitir distintas capas emocionales de Stella: su lucha interna, su frustración por no ser reconocida, pero también su resiliencia. El trabajo actoral es, sin duda, un punto fuerte de la obra. A través de sus voces, sus gestos y sus movimientos, las actrices logran hacer palpable la complejidad de un personaje que, aunque casi olvidado, tiene una historia que merece ser contada. La capacidad de las intérpretes para oscilar entre momentos de ternura y de rabia, de vulnerabilidad y fuerza, hace que la figura de Stella cobre una profundidad emocional que no se limita a una sola interpretación.
La dirección escénica de la obra también juega un papel fundamental en esta inmersión en el universo de Stella. El escenario no es solo un espacio físico, sino que se convierte en un reflejo de las tensiones internas y externas que vivió la poeta. Las transiciones entre momentos de apariciones y desapariciones de Stella en el escenario son fascinantes, y aunque no quiero revelar demasiado, es un recurso que mantiene al público en constante tensión, como si estuviéramos persiguiendo a una figura escurridiza, atrapada en el tiempo y el olvido. Es una metáfora visual de cómo las voces de las mujeres han sido sistemáticamente silenciadas, pero también un recordatorio de que, aunque ausentes, sus huellas siguen presentes.
Stella es, en muchos sentidos, una obra de resistencia. Es una llamada de atención sobre cómo la historia literaria y cultural tiende a invisibilizar a las mujeres, especialmente a las que no se alinean con los cánones establecidos. Esta obra no solo nos invita a recordar a Stella Díaz Varín, sino a reflexionar sobre todas esas voces que, a lo largo de los siglos, han sido apagadas o relegadas al olvido. La obra despierta una curiosidad amarga, una sensación de frustración y, al mismo tiempo, un impulso por saber más. ¿Cuántas Stellas han quedado en las sombras? ¿Cuántas otras historias, igual de poderosas, siguen sin ser escuchadas?
En definitiva, Stella es una obra que no te dejará indiferente. Te desafiará, te incomodará, pero también te motivará a investigar, a preguntar, a aprender. Al salir de la función, estarás con la semillita de la curiosidad, y puede que sientas, como yo, la necesidad de indagar más sobre esas mujeres olvidadas, sobre esas escritoras que han quedado al margen de los grandes relatos históricos. Porque Stella no solo es una obra sobre una poeta chilena, es una obra sobre todas esas mujeres que han sido relegadas al silencio.