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El desafío de ser visibilizada: Camila Ojeda y su lucha por la inclusión

Camila Ojeda Micieli (Paraguay, 2000) ha aprendido a moverse entre continentes. Nació en Paraguay, creció en Argentina y, hace seis años, llegó a Chile, donde ha construido su adultez.  

Desde el inicio de su vida ha vivido con sordera severa y, desde ahí, construyó un mundo entre dos lenguajes, dos formas de habitar el sonido y el silencio, ha sabido leer el mundo con la mirada afilada de quien siempre ha observado.

Cuando entró por primera vez a la universidad tenía claro cuál era su objetivo, pero también era consciente de las dificultades que podría enfrentar.  Después de pasar casi toda su vida en Argentina, era la primera vez que entraba en una sala de clases chilena.  El sistema educativo era distinto, no conocía a nadie y lo más desafiante, era la primera persona sorda en su carrera. Como fui la primera persona sorda en mi carrera de Psicología de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), las herramientas eran bastante básicas al principio, como la presencia de un intérprete. Sin embargo, conforme fui avanzando en mis estudios, los desafíos aumentaron y las herramientas se volvieron más complejas. Comencé a trabajar en equipo a través de plataformas como Google Meet que cuenta con subtítulos y también tuve que usar traductores de voz a texto. Ahora, mis compañeros ya saben cómo comunicarse conmigo, lo que ha facilitado mucho las interacciones.” nos comenta. 

Pero la comunicación siempre fue un obstáculo para ella.  A los 3 años se sometió a una cirugía para un implante coclear, el cual no funcionó.  Sus padres a raíz de esto, tomaron la decisión de que aprendiera a leer los labios en lugar de la lengua de señas.  Para Camila, este camino ha significado una dificultad al momento de expresarse y por tanto, un golpe a su identidad. “Mientras mis compañeros hipoacúsicos podían oír con ayuda de audífonos o implantes, yo me enfrentaba a conversaciones donde debía adivinar significados y completar frases en mi cabeza”, recuerda. A menudo, fingía entender solo para sentirse parte. Otras veces, simplemente se alejaba, sumergiéndose en su propio mundo.  

La llegada a la secundaria marcó un cambio.  Allí conoció la lengua de señas, primero observando a los intérpretes en sus clases, y después adquiriendolo en su vida cotidiana.  La comunicación dejó de ser un esfuerzo y se convirtió en un canal genuino de expresión.  Sin embargo, su familia temía que perdiera todo el esfuerzo que había invertido en la lectura labial. «Me encontré atrapada entre dos identidades: la que había aprendido desde niña y la que, finalmente, me daba un sentido de pertenencia», explica Camila. 

Cuando llegó a Chile, la sensación de estar entre dos mundos se acentuó.  No tenía contacto con la comunidad sorda local y, poco después, comenzó la pandemia que la sumergió en un aislamiento aún mayor.  Pero el tiempo y la resiliencia le permitieron encontrar su espacio. Ahora, con 25 años y terminando su carrera universitaria, solo tiene una certeza: convertirse en psicóloga para dar salud mental a la comunidad sorda.  «Mi vocación nació en la secundaria, al ver a los psicólogos que trabajan con estudiantes sordos en mi colegio. Me sorprendió la calma con la que manejan las situaciones y la forma en que facilitaban la comunicación», nos comenta. Desde entonces, supo que quería hacer lo mismo. 

Desde su propia experiencia enfrentándose a la educación superior siendo una persona con sordera severa, hasta su infancia y sus problemas para comunicarse, tomó conciencia de este problema que enfrentan las personas sordas, un problema que va más allá de la imposibilidad de hablar. Es la dificultad de ser comprendido, de no tener voz para expresar el mundo interior. Por eso, Camila quiere ser los ojos y las manos que puedan entender y sostener a quienes enfrentan esta realidad.

Para Camila, el problema de la salud mental en la comunidad sorda es estructural.  Ha escuchado testimonios de personas mal diagnosticadas porque los psicólogos no entendían la lengua de señas. «Muchos profesionales aún dependen de familiares oyentes para comunicarse con sus pacientes sordos, lo que distorsiona la terapia y limita la autonomía del consultante», señala.  Su objetivo es cambiar esa realidad. Lucha por una red de apoyo para la salud mental de las personas sordas, con talleres, contenido accesible en lengua de señas y un puente entre la psicología y la comunidad sorda.

Su historia es una historia de lucha, pero también de transformación.  Desde esa niña que se esforzaba por leer los labios de las personas hasta la mujer que hoy se prepara para convertirse en psicóloga, Camila ha sido capaz de construir su propia identidad y ha encontrado el equilibrio entre estas dos lenguas.  En este camino, ha aprendido que no es necesario elegir un solo mundo, sino encontrar la forma de habitar ambos con libertad. Quiere que las demás personas de su comunidad se sientan de la misma forma. 

“Fue difícil para ambos (sus padres) lidiar con una situación desconocida, pero a medida que crecí y vi cómo mi familia hacía todo lo posible, incluso cruzando fronteras para darme una vida mejor, aprendí que nada es imposible.”

Kathia Gonzalez

Nacida en Valparaíso en 1998, es la directora y fundadora de Diversas desde el año 2020 y actualmente estudia periodismo en la Universidad de Playa Ancha. También ha trabajado en la revista de literatura y fotografía Phantasma.cl. Ganó la convocatoria de Perfeccionamiento Artístico impulsada por Balmaceda Arte Joven en 2021 y ha participado en diversos cursos de escritura creativa y crítica, incluyendo Maña, BAJ, entre otros.
kagonzalezc98@gmail.com

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